Un joven del Alto Valle esperaba compartir con sus compañeros el viaje de egresados a Camboriú. Para él, no era solo una salida al exterior, era el cierre de una etapa escolar, una experiencia grupal y un momento único en su vida, que no podía repetirse ni reprogramarse.
El viaje fue organizado junto con sus compañeros y compañeras para finales de este año. Con ese objetivo, el grupo contrató a una empresa de turismo estudiantil. Sin embargo, existía un obstáculo: para salir del país el chico necesitaba la autorización de ambos progenitores, y su padre no otorgaba el permiso ni podía ser ubicado.
Frente a esa situación, la madre acudió al Poder Judicial para obtener una autorización que permitiera a su hijo adolescente viajar a Brasil. El fuero de Familia de Villa Regina valoró la voluntad del adolescente y la ausencia de vínculo paterno. De esta manera, hizo lugar a la demanda y autorizó al joven a viajar.
Durante el trámite judicial se intentó localizar y notificar al hombre, pero todas las gestiones resultaron infructuosas. Ante la imposibilidad de determinar su paradero, el proceso continuó con la intervención del Defensor de Menores.
En una audiencia de escucha, el adolescente manifestó su voluntad de participar del viaje. El representante del Ministerio Público consideró que la autorización solicitada respondía al interés superior del joven. Además, señaló que la actividad le permitiría acceder a experiencias recreativas, educativas y de integración con sus compañeros.
Al analizar el caso, la jueza recordó que la salida del país de una persona menor de edad requiere, en principio, el consentimiento de ambos progenitores. Sin embargo, valoró que el viaje estaba organizado dentro de un marco institucional formal y que los estudiantes viajarían acompañados por coordinadores de una empresa de turismo estudiantil.
La magistrada también tuvo en cuenta la inexistencia de vínculo entre el padre y el adolescente, la imposibilidad de localizarlo y la importancia que el viaje representaba para el joven como cierre de una etapa escolar.
Consideró que se trataba de una experiencia única e irrepetible, vinculada a la culminación de sus estudios secundarios y al derecho a la recreación y al desarrollo personal.
Por esos motivos, concluyó que correspondía otorgar la autorización judicial solicitada. En consecuencia, autorizó al joven a salir del país y viajar a Camboriú.